La implicación activa de la familia en el tratamiento de los pacientes adictos al juego mejora los resultados de la terapia

La implicación activa de familiares del paciente en el tratamiento del juego patológico ayuda al éxito de la terapia, según la experiencia clínica de la Unidad de Juego Patológico del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge. Esta implicación es un hecho rutinario en nuestro medio pero, en cambio, es más inusual en otros países de diferente tradición y cultura, como los anglosajones, donde las terapias tienden a ser estrictamente individuales.

En el caso del Hospital Universitario de Bellvitge, el familiar, que normalmente es la pareja, participa en 7 de las 16 sesiones de la fase intensiva del tratamiento. Al familiar, se le facilitan herramientas y pautas para entender el trastorno y, sobre todo, para establecer una buena comunicación con el afectado que permita rehacer la confianza menudo erosionada a causa de las consecuencias económicas, personales y familiares de la adicción. “La experiencia nos dice que la incorporación de la familia a la terapia es un elemento clave que facilita todo el proceso de superación del trastorno”, explica la Dra. Susana Jiménez, responsable de la Unidad de Juego Patológico del Hospital Universitario de Bellvitge.

La Unidad de Juego Patológico del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge tiene una larga y prestigiosa trayectoria asistencial y científica. Realiza entre 350 y 370 primeras visitas anuales, y es referente en Cataluña y España en el tratamiento de las ludopatías y otras conductas adictivas no vinculadas al consumo de sustancias. Más de un 70% de los pacientes atendidos en la Unidad responden bien al tratamiento, y el éxito de la terapia está estrechamente ligado a la conciencia de la enfermedad y a la motivación para el cambio, así como también al apoyo de la familia.

Esta Unidad del Hospital de Bellvitge colabora estrechamente con investigadores internacionales de este ámbito. Uno de estos investigadores, el Dr. Joël Tremblay, profesor e investigador del Departamento de Psicoeducación de la Universidad de Quebec, recientemente ha presentado las primeras experiencias en su centro de incorporación activa del cónyuge en el tratamiento del juego patológico (terapia de pareja), con muy buenos resultados en comparación con las terapias individuales.

Por otra parte, durante el Dr. Randy Stinchfield, investigador y psicólogo clínico del Departamento de Psiquiatría de la Facultad de Medicina de la Universidad de Minnessota ( EEUU), centra sus investigaciones en el juego patológico en adolescentes y jóvenes. Tanto el Dr. Tremblay como el Dr. Stinchfield participan actualmente en un proyecto de investigación liderado por la Dra. Jiménez Murcia, con financiación del Ministerio de Economía y Competitividad, de validación del primer instrumento de cribado de los hábitos de juego diseñado específicamente para adolescentes y jóvenes.

“En el marco de este proyecto de investigación, la versión en español de este instrumento ya se ha aplicado en nuestro centro a 376 adolescentes y jóvenes de 16 a 29 años, de los que 340 son población general y 36 jugadores patológicos”, explica la Dra. Jiménez. Aunque el estudio todavía está en curso, los análisis estadísticos ya han aportado valiosas evidencias preliminares, entre ellas la identificación de determinados hábitos que constituyen potentes factores de riesgo para el posterior desarrollo del trastorno, como diversificar el tipo de juego. “El sexo y la edad también están claramente asociados a diferentes perfiles de juego, siendo la franja de 20 a 22 años aquella en la que se identifican los marcadores conductuales más potentes de riesgo, como el hecho de volver a jugar para recuperar las pérdidas”, añade.

Los investigadores esperan que este trabajo sirva de base también para desarrollar guías de recomendaciones para prevenir la adicción al juego entre los jóvenes y para iniciar programas de charlas informativas en institutos, entre otras iniciativas. Aún sobre el juego patológico entre los adolescentes y jóvenes, el Dr. Randy Stinchfield destaca el enorme contraste que existe en su país entre las altas tasas de juego de riesgo o patológico detectadas por los estudios de prevalencia y el escaso número de jóvenes tratados en los servicios de salud. En este sentido, sugiere que la conducta de juego problemática entre los jóvenes probablemente se asocia, en algunos casos, a otros rasgos antisociales de personalidad que, en la práctica, representan una barrera para el acceso a los recursos sanitarios.

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