Susana Jiménez Murcia

Susana Jiménez Murcia

Coincidiendo con la celebración, del 27 al de 29 de junio, de Gamelab Barcelona 2018 en l’Hospitalet de Llobregat, la Dra. Susana Jiménez Murcia, coordinadora de la Unidad de Juego y otras conductas adictivas del Hospital Universitario de Bellvitge, reflexiona en este artículo sobre los aspectos positivos y menos positivos de los videojuegos y sobre cómo podemos hacer un uso más saludable.

Cómo podemos contribuir a un uso más saludable de los videojuegos

Los videojuegos son entretenidos, motivadores, estimulantes, divertidos. Además de ser una actividad de ocio, se han asociado a satisfacción vital, mejora de la adaptación psicológica y sentimiento de autosatisfacción. Pueden ser educativos, aumentar determinadas capacidades y habilidades, mejorar las relaciones sociales, servir para practicar idiomas. Pero, junto a todas estas virtudes, presentan también una cara más preocupante.

Tal como demuestran muchos estudios científicos y tal como ha declarado la misma International Society for the Study of Behavioral Addictions (ISSBA), jugar a videojuegos de forma excesiva, tanto online como offline, puede conducir a un deterioro funcional significativo, con repercusiones a nivel personal , familiar, social, académico y ocupacional. Es el trastorno internacionalmente conocido como gaming disorder.

¿Cómo podemos contribuir todos a un uso más saludable de los videojuegos? Lo primero que destacaría es la necesidad de que los padres conozcan mejor las tecnologías que utilizan sus hijos. Deben estar informados e implicarse directamente desde la infancia (empezar ya en la adolescencia de los hijos les será más difícil). Además, en la medida que los padres somos modelos de conducta para nuestros hijos, es necesario que nosotros mismos seamos los primeros en hacer un buen uso de ellas.

En general es desaconsejable que los niños tengan los dispositivos en la habitación: debemos evitar que hagan el papel de aislarlos del entorno. Dada la importancia que tiene el tiempo dedicado en el riesgo de desarrollar una conducta adictiva, es conveniente negociar con ellos unos límites temporales, sin olvidar que la percepción del tiempo cuando se está conectado a Internet puede estar disminuida y/o alterada. En general, se recomienda dedicarles como máximo entre una y dos horas diarias, tras las tareas escolares y obligaciones, y preferiblemente como actividad que no tenga un patrón diario. Además del tiempo, también es conveniente pactar el tipo de videojuego y aconsejar no jugar justo antes de ir a dormir.

¿Cuáles son las señales que nos advertirán de una posible conducta adictiva? Uno de las más importantes, nuevamente, es el tiempo. Una dedicación diaria de tres a cuatro horas debe preocuparnos, así como observar que los niños están irritables o presentan cambios de humor cuando tienen que dejar de jugar, o que sacrifican otras actividades sociales y recreativas o dejan de lado las tareas escolares para jugar.

Esta vigilancia no es sólo responsabilidad de los padres. Los maestros y profesores deberían estar pendientes de signos de alerta como pueden ser el fracaso escolar, el bajo rendimiento, problemas de estrés, fatiga y somnolencia en la clase o dificultades para manejar los conflictos que surgen con los compañeros. También los pediatras pueden explorar los patrones de uso de las nuevas tecnologías en sus exploraciones rutinarias, evaluando problemas asociados como la baja autoestima, la depresión, la ansiedad, la impulsividad, la hiperactividad o la desatención.

En definitiva, la promoción de un uso saludable de las nuevas tecnologías es responsabilidad de toda la sociedad. Y ello incluye también, en una medida importante, la administración y, naturalmente, la industria del videojuego y las nuevas tecnologías.

Susana Jiménez Murcia

Coordinadora de la Unidad de Juego y otras conductas adictivas del Hospital Universitario de Bellvitge

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