• El Hospital Universitario de Bellvitge reunirá, el próximo 10 de octubre, a destacados expertos internacionales para establecer unas pautas de actuación de los aspectos diagnósticos y terapéuticos de la enfermedad.
• La elevada prevalencia, la gravedad y la alta mortalidad del síndrome cardio-renal han permitido que sea reconocido como una entidad propia, lo que permite su diagnóstico y abordaje terapéutico específicos.
• La búsqueda de nuevos biomarcadores diagnósticos permitirá intervenir más precozmente para evitar la progresión de estas afecciones, mejorando la esperanza y la calidad de vida de los pacientes.

Barcelona, 10 de octubre de 2013 – El síndrome cardio-renal se define como aquella situación en la que la disfunción del corazón o del riñón, tanto de forma aguda como crónica, puede inducir la disfunción de otro órgano. El 30% de pacientes que ingresan en los hospitales con un cuadro de insuficiencia cardíaca descompensada y entre un 9% y un 54 % de los que ingresan con síndrome coronario agudo presentan al mismo tiempo disfunción renal. Del mismo modo que el 60% de los enfermos con fracaso renal agudo presentan un cierto grado de insuficiencia cardiaca.

Se trata de una enfermedad que hasta hace poco ha sido insuficientemente considerada desde un punto de vista global, a pesar de su gran prevalencia. “En la última década, la elevada prevalencia y la gravedad del síndrome cardio-renal han permitido que éste sea reconocido como una entidad propia. Este reconocimiento permite facilitar su diagnóstico precoz y optimizar el tratamiento, obteniendo como resultado una mejora clara de la esperanza de vida de estos pacientes”, explica el Dr. Xosé Luís Pérez, médico del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario de Bellvitge.

Existen distintos tratamientos para las manifestaciones del síndrome cardio-renal dependiendo de la gravedad y de las características de cada caso. Estas van desde el uso de diferentes tipos de fármacos hasta procedimientos invasivos como son las técnicas de ultrafiltración o de diálisis. En los pacientes con insuficiencia cardíaca aguda (es decir, enfermos crónicos) la técnica empleada es la ultrafiltración, que consiste en extraer el líquido renal. Por otra parte, también se ha demostrado que, en los enfermos que han sido operados de cirugía cardíaca, el tratamiento con hemofiltración mejora significativamente su pronóstico. La hemofiltración son las técnicas continuas de reemplazo renal, es decir, la diálisis continúa.

En este sentido, el próximo jueves 10 de octubre, en el Hospital Universitario de Bellvitge se celebrará el simposio “Síndrome cardio-renal: nuevas perspectivas en la terapia renal sustitutiva”, organizado por el Dr. Xosé Luís Pérez y el Dr. Joan Sabater, médicos del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Universitario de Bellvitge. Uno de los temas destacados de la reunión será el papel de las terapias de reemplazo renal continuo en enfermos críticos cuando el fallo cardio-renal es resistente al tratamiento farmacológico. Asimismo, también se establecerán protocolos de detección precoz del fracaso renal y de las posibilidades terapéuticas existentes. El simposio contará con destacados expertos internacionales, como el Dr. John Kellum, del Hospital Universitario de Pittsburgh, el Dr. Bradley Bart, cardiólogo del Hennepin County Medical Center de Minneapolis, la Dra. Catherine Bouman, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Amsterdam, el Dr. José Comín, coordinador del área de insuficiencia cardiaca del Hospital del Mar, el Dr. Jordi Ordóñez, catedrático de bioquímica del Hospital de Sant Pau y el Dr. Aníbal Marinho, del Centro Hospitalar do Porto.

Actualmente, la aproximación de diagnóstico está basada en parámetros clínicos y biomarcadores clásicos, como la creatinina. “La investigación en la búsqueda de nuevos biomarcadores es muy importante ya que nos permitirá intervenir más precozmente, evitando la progresión de estas afecciones”, asegura el Dr. Joan Sabater. Paralelamente a la actividad investigadora, también resulta clave el abordaje multidisciplinar del tratamiento del síndrome cardio-renal. Es por ello que en este proceso participan médicos intensivistas, nefrólogos, cardiólogos, cirujanos cardiacos y bioquímicos, entre otros.

La asociación de insuficiencia cardíaca y renal marca un peor pronóstico de la evolución del paciente tanto a corto como a largo plazo. Así, por ejemplo, los enfermos con insuficiencia renal crónica en diálisis tienen 10 veces más probabilidad de morir por una causa cardiovascular que la población normal. Según los expertos, el 10% de los enfermos sometidos a cirugía cardiaca presentan un fracaso renal agudo en el postoperatorio, lo que supone multiplicar por 6 el riesgo de mortalidad. “Dada la importancia de la enfermedad, la labor de investigación y búsqueda para la mejora de las técnicas diagnósticas y terapéuticas resulta esencial para aumentar la calidad de vida de estos pacientes”, explica el Dr. Xosé Luís Pérez.

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