• Mejorar la formación sobre los trastornos del espectro autista en médicos de primaria y psiquiatras permite hacer un diagnóstico más preciso de la enfermedad.
  • El Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge ha sido pionero en detectar pacientes adultos con trastornos del espectro autista y en la actualidad presenta una prevalencia del 2-3% del total de visitas anuales.
  • Los síntomas del síndrome de Asperger, un tipo de trastorno del espectro autista sin discapacidad intelectual y con un desarrollo lingüístico y social aparentemente normal, dificultan el diagnóstico de la enfermedad.
  • El tratamiento del autismo en personas adultas se focaliza en la reeducación para reinsertar a los pacientes en la sociedad y en el mundo laboral.

Los trastornos del espectro autista (TEA) son disfunciones neurológicas crónicas con base genética que se manifiestan en los primeros años de vida y generan dificultades en la interacción social y la comunicación, así como una falta de flexibilidad en el razonamiento y comportamiento. Los primeros síntomas aparecen antes de los tres años, pero en algunos casos estos signos pasan desapercibidos para la familia y/o el pediatra.

“Cuando la persona con autismo presenta un desarrollo lingüístico aparentemente normal y no tiene discapacidad intelectual, su diagnóstico se hace más difícil. Además, como consecuencia de su base genética, a menudo los familiares presentan también algunos rasgos autistas, no perciben las conductas atípicas y por este motivo no visitan un médico”, explica la Dra. Maria del Pino Alonso, psiquiatra del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de Bellvitge. Así, las personas con este tipo de autismo llamado síndrome de Asperger pueden estar muchos años sin ser diagnosticadas o pensar que tienen trastorno obsesivo-compulsivo (TOC), ya que una de las características de este síndrome es la rigidez comportamental y cognitiva y los intereses restringidos.

En este sentido, el Hospital Universitario de Bellvitge ha sido pionero en detectar pacientes adultos con TEA, concretamente el 2-3% de las visitas anuales del Servicio de Psiquiatría padece este trastorno y un 10% de los que llegan con aparentes síntomas obsesivo-compulsivos tienen en realidad síndrome de Asperger. “La continua investigación de los trastornos del espectro autista nos ha permitido tomar conciencia de que hay formas de autismo que no son tan evidentes y pueden ser confundidas con otros trastornos, como el trastorno esquizoide de la personalidad, la psicosis inespecífica y el TOC”, indica la Dra. Alonso. En los últimos años se trabaja para mejorar la formación en este tipo de patologías por parte de los médicos de primaria y psiquiatras de adultos.

Una vez realizado el diagnóstico preciso del tipo de TEA, la fase inicial del tratamiento en adultos pasa por la psicoeducación de la enfermedad. “El enfermo y los familiares deben ser informados de una enfermedad que desconocían pero que estaba presente desde que el paciente nació. Por ello, las primeras visitas se centran en la comprensión y asimilación del trastorno, procedimiento difícil a causa de la inflexibilidad al cambio de este tipo de personas”, explica la Dra. Amaia Hervás, psiquiatra especialista en psiquiatría infantil, de adolescentes y de adultos en el área del autismo del Hospital Sant Joan de Déu, donde son derivados los pacientes diagnosticados en el Hospital Universitario de Bellvitge.

El autismo es un trastorno sin cura que requiere un manejo constante. El objetivo principal del tratamiento en personas adultas es paliar las carencias que han tenido durante su vida hasta ser diagnosticadas. Así, los pacientes siguen programas educativos para su integración social. “Promovemos la comunicación y las habilidades sociales, así como intentamos reducir los comportamientos inadaptados. Los adultos con autismo son personas que han sido aisladas de la sociedad durante muchos años, por eso se realizan sesiones grupales y salidas externas”, explica la Dra. Hervás.

Otro aspecto importante del tratamiento es recuperar la formación profesional que no han recibido debido a su déficit comunicativo, y de esta manera reinsertarlos en el mundo laboral. En este punto, las diferentes asociaciones relacionadas con trastornos del espectro autista juegan un papel fundamental como nexo entre los pacientes y las empresas.

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