Eduardo Jaurrieta

Eduardo Jaurrieta

El Dr. Eduardo Jaurrieta es una de las personalidades destacadas que han marcado la historia del Hospital Universitario de Bellvitge. Con motivo de su jubilación y del homenaje que se le rendirá el próximo martes, hablamos con él para saber cómo vive este momento.

- ¿Qué recuerdo conserva de sus inicios en nuestro hospital?

- Entré como residente en el Servicio de Cirugía General y Digestiva, que dirigía el doctor Sitges, en 1974. Aún estábamos en pleno franquismo, y el ambiente de trabajo era muy distinto. Había una gran disciplina, mucha rigidez, pero también un muy buen nivel.

- Usted destacó desde joven para ser un cirujano inconformista, que siempre se atrevía con nuevos retos. Tuvo que superar muchos obstáculos?

- Siempre que eres innovador tienes problemas. Tienes que romper con las inercias de los que están acostumbrados a hacer siempre lo mismo. Yo tuve la suerte de trabajar un tiempo con el doctor Sitges Serra, el hijo de mi jefe, que tenía también mucho empuje para nuevos proyectos. En aquella época impulsamos muchas innovaciones en el hospital, la nutrición parenteral, los estudios metabólicos, y también, como es sabido, el trasplante de hígado con el Dr. Carles Margarit y todo un equipo muy motivado.

- ¿Qué cambió tras el enorme eco de aquel primer trasplante?

- Aquello tuvo un impacto descomunal a nivel mediático y popular porque en ese momento casi nadie pensaba que fuera posible hacer un trasplante de hígado en España. Las cosas ya nunca fueron como antes. En cierto modo fue injusto, porque otros médicos estaban haciendo también cosas muy importantes y nunca tuvieron esa fama.

- En etapas posteriores, usted dirigía el Servicio de Cirugía General y Digestiva y asumiría la dirección médica del Hospital. ¿Qué representó para usted dar el paso a la gestión sanitaria?

- Lo pensé mucho, pero finalmente decidí aceptar. Como jefe de servicio, la gran idea que siempre ya me guió fue la de la eficiencia. Siempre he sido un gran defensor de la sanidad pública, no he tenido otras vinculaciones fuera del sistema público, y siempre he pensado que la mejor manera de defenderla es garantizar que sea un sistema realmente eficiente. Después, cuando el Dr. Soley me pidió que asumiera la dirección médica, traté de seguir también este camino, al igual que más adelante cuando tuve responsabilidades directivas en el ICS.

- También ha sido profesor de muchas generaciones de nuevos médicos y cirujanos. ¿Qué ha representado para usted la tarea docente?

- Ha tenido dos grandes vertientes: por un lado la formación de residentes, que empecé no mucho después de terminar mi propia residencia en 1976, y, por otra parte, el ámbito universitario a partir del 1982 como profesor asociado y luego profesor titular y como catedrático. Durante todos estos años he intentado no enseñar sólo técnicas, sino también valores. Ha sido una dedicación que me ha hecho mucha ilusión.

- ¿Cómo ve la evolución de la cirugía en los últimos años, con innovaciones como la cirugía robótica?

- No es que ahora haya innovaciones, sino que las ha habido continuamente en los últimos cincuenta años. Han ido apareciendo los trasplantes, la laparoscopia, la cirugía robótica… ha sido un progreso constante. La tecnología actual exige a los cirujanos una curva de aprendizaje larga, pero cuando se adquiere la experiencia ello se nota en la mejora de los resultados de la cirugía.

- ¿Comparte la opinión de que la sanidad ha deshumanizado y hay que volver a una medicina más cercana?

- Yo no hablaría de deshumanización en general. Esto depende de cada persona. De hecho, hace cincuenta años ya se hablaba del problema de la deshumanización. Siempre hay profesionales que tratan a los pacientes con proximidad y confianza, que ríen y se preocupan con ellos, y otros que los tratan despectivamente. En todo caso, todas las iniciativas para impulsar una mayor humanización me parecen bien.

- ¿Cómo ve las nuevas generaciones de médicos?

- Los tiempos han cambiado. Ahora la filosofía es distina a la de nuestra época. Antes hacíamos jornadas larguísimas en el quirófano, nunca había horarios que valieran. Ahora es diferente, pero eso no quiere decir que ahora no haya también grandes profesionales. Veo mucha dedicación e ilusión en muchos de ellos.

- Su forma de ser y trabajar ha dejado alguna huella en nuestro hospital?

- Me gustaría pensar que sí. Supongo que todos dejamos algo. Espero haber influido en mi estilo de trabajo y en esta filosofía de defensa de la sanidad pública.

- ¿Qué hará después de la jubilación?

- Vivir con tranquilidad, porque ya viví estresado durante muchos años. Me dedicaré a leer, a jugar al ajedrez, a disfrutar de la familia y sobre todo de mis siete nietos.

19 de febrero de 2018

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