El equipo de médicos del HUB prestó atención sanitaria en el campo de refugiados de Cherso

El proyecto de cooperación sanitaria con el que un grupo de seis amigos y amigas médicos (cinco de ellos profesionales del HUB) llegaron al campamento de refugiados sirios de Cherso (Grecia) el pasado mes de junio no se desarrolló tal y como lo habían planeado. De hecho, de los diez días que duró su estancia, sólo pudieron dedicar dos a tareas de atención sanitaria. Debido a una serie de circunstancias, el resto del tiempo lo tuvieron que destinar a actividades culturales y de formación de los niños y niñas del campamento.

La idea del proyecto “Una mano para Idomeni” tuvo como punto de partida una cena entre el grupo de amigos integrado por Sara García, Álvaro Zarauza, Guillermo González, Andreu Alabat, David Berbel y Berta Esteban, todos ellos médicos de el HUB, con la excepción de Berta Esteban, que trabaja en el Hospital del Mar. En poco más de cuatro semanas pusieron en marcha un proyecto de cooperación que recaudó casi 3.000 € mediante una plataforma de crowdfunding.

De Idomeni a Cherso

El primer destino era el campo de refugiados de Idomeni, donde en principio los grupos de voluntarios podían trabajar de forma independiente. Al cerrarse este campo, sin embargo, el grupo llegó al campo de Cherso, más pequeño (unas 2.000 personas), situado a una hora de Tesalónica y con unas condiciones de trabajo más rígidas para los cooperantes. “Nos pusimos en contacto con una pequeña ONG llamada Open Cultural Center y bajo su paraguas conseguimos entrar en el campo”, explica el Dr. Guillermo González.

A partir de ese momento comenzó una pequeña odisea que puso a prueba la capacidad de adaptación del grupo de médicos. En el campamento operaba un equipo de la Cruz Roja integrado por dos médicos ginecólogos y enfermeras, con los que la expedición catalana trató de ponerse de acuerdo para trabajar conjuntamente sin éxito. “No quisieron nuestra ayuda, ni los medicamentos”.

Entonces y con el auxilio inesperado del ejército griego que controlaba el campo, pudieron abrir un consultorio de atención primaria, reutlizando unas carpas en otro punto del campamento. Con la colaboración de algunos refugiados como traductores, comenzaron a prestar asistencia. El consultorio, sin embargo, sólo pudo abrir dos días. En el tercero, un aviso de ACNUR les obligó a cerrarlo, aduciendo que no estaban llevando a cabo ninguna acción cultural. Ante la tesitura, aceptaron sumarse a las acciones que desarrollaba Open Cultural Center y así pasaron la semana restante dando clases de matemáticas, inglés o español en el centro escolar puesto en marcha por la ONG. “Seguro que pecamos de ingenuos y de una cierta precipitación para sacar adelante el proyecto; pensamos que la cooperación sería más fácil “, reconoce el Dr. González.

Sin embargo, los días que pudieron pasar consulta, sumados al hecho de haber podido distribuir a otros campos las tres enormes maletas llenas de medicamentos que llevaban (fruto de la campaña de recogida de fondos y de la donación del HUB) y el contacto directo con los refugiados han convencido al grupo de seis amigos para volver el próximo año. “Nos fuimos con un cierto desencanto y frustración, pero satisfechos vez por todo el trabajo que pudimos hacer en la escuela de Cherso”, concluye el Dr. Guillermo González.

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